
La inteligencia artificial que domina los titulares quiere vender más, producir más y responder más rápido. En América Latina, otra corriente empieza por preguntas diferentes: ¿cómo proteger un bosque?, ¿cómo preservar una lengua?, ¿cómo documentar violencia?, ¿cómo abrir un expediente judicial a quienes no pueden leer miles de páginas?
La Red de Inteligencia Artificial Feminista de América Latina y el Caribe recibió 129 propuestas en una convocatoria regional, según la documentación del programa y una cobertura de EL PAÍS. Las iniciativas destacadas abarcan Brasil, Colombia, México, Ecuador, Argentina y Bolivia. No constituyen una industria del tamaño de Silicon Valley. Sí muestran algo que el centro tecnológico suele perder: una definición del problema nacida del territorio.
Qué significa construir una AI feminista
El término puede sonar como una etiqueta añadida al software. En estos proyectos describe un método: preguntar quién produce los datos, quién queda expuesto, qué conocimiento local se reconoce y quién puede gobernar la herramienta.
Cabaça Digital, en Brasil, trabaja en la intersección de tecnología, territorio y comunidades afrodescendientes. QuitérIA explora datos desde perspectivas feministas negras. En Ecuador, Memoria Viva se vincula con preservación de conocimiento y memoria. En Colombia, furIA aborda violencia y documentación desde una mirada feminista.
Otros proyectos atienden incendios en Bolivia, agua en México y discapacidad en Argentina. Esa diversidad rompe una idea importada de innovación: que todo problema requiere un modelo más grande. A veces la intervención adecuada es una base de datos comunitaria, una herramienta de consulta o un sistema pequeño que funcione con conectividad limitada.
La tecnología tampoco es emancipadora por tener un objetivo social. Un proyecto puede recopilar testimonios y aumentar el riesgo de quienes participan si no protege su identidad. Puede digitalizar conocimiento indígena y facilitar su extracción. Puede clasificar casos de violencia y reproducir los sesgos de la institución que produjo los expedientes. La perspectiva feminista tiene valor cuando convierte esas tensiones en reglas de diseño, consentimiento y control.
La diferencia está en la gobernanza
En el modelo dominante, los datos se extraen, una empresa entrena y los usuarios aceptan condiciones. Los proyectos comunitarios intentan invertir esa secuencia: definir primero el propósito y los límites, negociar consentimiento y decidir quién mantiene acceso.
Eso requiere tiempo, mientras el capital tecnológico premia velocidad. También exige dinero para tareas poco visibles: traducción, seguridad, documentación, participación comunitaria y mantenimiento. Una subvención puede lanzar un prototipo; sostenerlo durante años es otra economía.
A+ Alliance y organizaciones regionales han impulsado la red y la incubación de proyectos. Derechos Digitales documentó una nueva fase del programa y la selección de iniciativas. Estas fuentes permiten verificar la convocatoria y su alcance. No permiten afirmar que todos los proyectos hayan alcanzado escala, impacto medido o sostenibilidad financiera. Esa diferencia es crucial.
AymurAI y el problema de la justicia
AymurAI, desarrollado desde Argentina, se ha presentado como una herramienta para estructurar y analizar decisiones judiciales relacionadas con violencia de género. Fuentes secundarias han informado sobre su adopción por organismos judiciales de varios países. Sin una confirmación pública uniforme de cada despliegue, LEVEL trata esa expansión como información atribuida, no como una cifra consolidada.
El caso ilustra la promesa y el riesgo. Organizar sentencias puede ayudar a detectar patrones y acelerar investigaciones. Pero una herramienta judicial opera con datos sensibles y decisiones de alto impacto. Necesita trazabilidad, revisión humana, seguridad y mecanismos para corregir errores.
Cuatro lecciones para la industria
La primera es que el conocimiento situado no obstaculiza la innovación; puede hacerla más precisa. Un modelo diseñado lejos de una comunidad puede reconocer sus palabras sin comprender sus relaciones de poder.
La segunda es que abierto no siempre significa justo. Abrir código facilita auditoría y reutilización, pero también puede permitir que terceros se apropien del trabajo comunitario sin devolver valor. Las licencias y el control de los datos importan tanto como el repositorio.
La tercera es que el impacto no debe medirse únicamente por usuarios o inversión. Para una lengua amenazada, preservar un corpus con consentimiento puede valer más que millones de descargas. Para una organización contra la violencia, reducir el tiempo de búsqueda sin exponer a sobrevivientes puede ser el indicador central.
La cuarta es que el financiamiento define autonomía. Si los proyectos dependen de convocatorias breves, su agenda puede terminar adaptándose a lo que un donante considera innovador. Una infraestructura feminista necesita presupuestos plurianuales, mantenimiento y capacidad local.
La periferia que piensa el centro
Llamar la otra AI a esta red no significa que sea secundaria. Significa que parte de otra teoría del valor. Silicon Valley optimiza escala; estas iniciativas preguntan escala para quién y bajo qué condiciones. Uno busca mercados globales; las otras pueden proteger un territorio específico.
América Latina no necesita copiar el tamaño de las grandes plataformas para producir conocimiento relevante. Puede mostrar que la inteligencia artificial también es una disputa sobre memoria, lenguaje, cuidado y soberanía.
La prueba no será cuántas propuestas recibió una convocatoria. Será cuántas comunidades conservan el control, cuántas herramientas continúan funcionando después del financiamiento inicial y cuántas instituciones cambian sus prácticas. La AI feminista latinoamericana ya planteó mejores preguntas. Ahora necesita poder material para sostener las respuestas.
Fuentes consultadas
Red de Inteligencia Artificial Feminista de América Latina y el Caribe: https://iafeminista.lat/
Derechos Digitales: https://www.derechosdigitales.org/
A+ Alliance: https://aplusalliance.org/
EL PAÍS, “De la Amazonia al código abierto: los saberes de la IA feminista latinoamericana”, 21 de septiembre de 2026: https://elpais.com/actualidad/newsletter-americanas/2026-09-21/de-la-amazonia-al-codigo-abierto-lo-saberes-de-la-ia-feminista-latinoamericana.html
Nota de verificación: la cifra de 129 corresponde a propuestas recibidas, no a proyectos financiados. Donde no existe una evaluación independiente de impacto, este artículo no la presume.


